Joseph Andreas


Rembrandt y la Pintura


Hace no mucho tiempo me paré frente a un retrato de Rembrandt en la National Gallery de Londres. La obra era Retrato de un Hombre con Barba y Sombrero (1650s). Me pasó algo extraño frente a la obra, me sentí extremadamente conmocionado, una sensación sublime que me sacudió tan profundamente que se me hizo un nudo en la garganta. En el momento tenía completo sentido porque yo había llegado a la obra y, sin ninguna preocupación, me puse a admirarla cuando de repente me tomó por completo y se apoderó de mí. Me sumergí en el cuadro con la sensación de estar flotando en la sala, la sensación era como la de separarse del cuerpo. A partir de esto me interesé mucho en él y leí sobre su vida y las obras que había hecho -que algunas resultaron ser el origen de estas dos obras. Pero pensandolo ahora, aquel recuerdo en el museo es algo demasiado lejano y anecdótico. No le veo ninguna relevancia realmente a la hora de hablar sobre mi pintura. Si bien me encanta la historia del arte y los pintores del siglo XVII no creo que tenga nada que ver con mi práctica sino más bien resultan ser temas que me interesa apropiarme de un momento a otro.

Estas obras de siglos pasados tienen algo de interesante para mí y es que han resistido al paso del tiempo y han ascendido al pedestal de las grandes colecciones historicas de arte. Son objetos muy valiosos y llenos de significado. El estado actual de estas obras es eso mismo y probablemente muy distante al original.

Esta idea del tiempo siempre está presente en el oficio del pintor -de una manera u otra. Como por ejemplo comprar pinturas y mediums de alta calidad, materiales que pierden y cambian sólo lo justo y admisible de propiedades físicas a lo largo del tiempo. No conozco ningún pintor que no se interese por sus materiales, siempre hay una propiedad que buscan en ellos y esta propiedad suele buscarse hasta encontrarla o aproximarse a ella. Incluso cuando se decide volver a la pintura un medio efímero hay una decisión consciente de lo que no se debe usar y lo que sí que requiere cierto nivel de conocimiento sobre el material. En otras palabras, hay una decisión sobre el tiempo que va a abarcar la pintura, sea previo o posterior a la concreción de la obra.

Esta lo que uno lleva a la obra mientras la produce, más allá de los materiales. Hace no mucho le mostré estas obras a un amigo y me pidió que le contara de donde venían. Yo le hablé un poco de las obras que habían dado origen a las imágenes que representé y no mucho más. De manera tal que quedó mas o menos establecido que las obras eran acerca de la pintura holandesa del siglo XVII. Pero nunca dejé de pensar que aquel tema no podía estar más lejos de lo que yo estaba experimentando con el trabajo ya que, como dije, lo que representaban las imágenes había sido formulado a partir de un recuerdo lejano y un interés pasajero en Rembrandt. Lejos de alterar el tema de las obras, a medida que evolucionó el trabajo terminó siendo el trabajo mismo y esa acción productora y transformadora la que predominó la obra.

La pintura tiene algo muy atractivo y es la posibilidad de “atrapar” el tiempo. Es como si no importara lo que uno esté pintando siempre y cuando aquello tenga el potencial de encapsular una porción de tu vida. La pintura absorbe tiempo y luego lo resiste, ese es su potencial primario. En mi experiencia esa producción absorbente es la que le da carácter y sentido a la obra.

Manuel Aja Espil, 2018



Galería Quadro, C.A.B.A., Argentina, 2018. ©Botón Rojo